La Tentación Aceitada de Abigail con el Atleta

Manos untadas en aceite difuminan la línea entre toque sanador y deseo prohibido

L

La Caricia Sanadora de Abigail Despierta la Lujuria Quebequense

EPISODIO 1

Otras historias de esta serie

La Tentación Aceitada de Abigail con el Atleta
1

La Tentación Aceitada de Abigail con el Atleta

La Rendición de Abigail al Poder Ejecutivo
2

La Rendición de Abigail al Poder Ejecutivo

La Intrusión Vecinal en el Hogar de Abigail
3

La Intrusión Vecinal en el Hogar de Abigail

Abigail Desafía la Autoridad de su Mentor
4

Abigail Desafía la Autoridad de su Mentor

Rendición de Abigail en Hotel de Lujo
5

Rendición de Abigail en Hotel de Lujo

El Clímax Grupal de Empoderamiento de Abigail
6

El Clímax Grupal de Empoderamiento de Abigail

La Tentación Aceitada de Abigail con el Atleta
La Tentación Aceitada de Abigail con el Atleta

El tenue resplandor del estudio de masajes me envolvía como una segunda piel mientras cojeaba adentro, con el hombro izquierdo latiéndome por esa maldita caída en la cara vertical de Montmorency. Soy Jules, 28 años, un escalador de rocas que ha trepado acantilados desde las Rockies hasta los Alpes, pero un solo resbalón me había dejado fuera de juego por semanas. El doctor recetó descanso y terapia, pero el aislamiento me carcomía más que el dolor—noches solo en mi apretado apartamento en Quebec, repitiendo el crujido de la piedra bajo mi agarre. Por eso reservé a Abigail Ouellet, la terapeuta canadiense petisa con reseñas entusiastas por su toque empático. Tenía 20 años, su foto en línea mostraba cabello lila en una larga trenza de sirena que gritaba alma artística en medio de su porte profesional. Sus ojos avellana prometían comprensión, piel de miel brillando bajo las luces del estudio, rostro ovalado enmarcado por esa trenza única balanceándose al moverse. Con 1,68 m y complexión petisa y tetas medianas, parecía más bailarina que sanadora, pero su bondad era legendaria. La necesitaba—alguien que viera más allá de la barba ruda, nudillos cicatrizados y músculos tensos, hasta el tipo solitario de debajo. El estudio olía a lavanda y eucalipto, música ambiental suave zumbando, sábanas blancas crujientes en la mesa. Me saludó en la puerta, su voz suave y cálida, «¿Jules? Soy Abigail. Vamos a ponerte cómodo». Su empatía me pegó de una; no apuraba, preguntando por la lesión con genuina preocupación, sus manitas gesticulando hacia la mesa. Mientras me quitaba todo quedando en boxers y me acostaba boca abajo, con la toalla baja, me sentía expuesto, vulnerable. Su presencia flotaba atrás mío, el clic de la botella de aceite, y luego sus manos—cálidas, tentativas al principio—se hundieron en mi espalda. La tensión se...

La Tentación Aceitada de Abigail con el Atleta
La Tentación Aceitada de Abigail con el Atleta

Desbloquear contenido premium

Para leer la historia completa, obtendrás acceso a todas las historias, videos y fotos de este modelo.

El contenido puede estar truncado. Versión completa disponible con suscripción.

Vistas47K
Me gusta74K
Compartir20K
La Caricia Sanadora de Abigail Despierta la Lujuria Quebequense

Abigail Ouellet

Modelo

Otras historias de esta serie