La Revelación de la Rival de Sophia
Rivales empapadas en sudor se enzarzan en éxtasis prohibido sobre las colchonetas del gym
Las Cadenas de Seda de Sophia
EPISODIO 3
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El gimnasio se erguía silencioso bajo las duras luces fluorescentes que zumbaban débilmente arriba, proyectando largas sombras sobre la vasta extensión de colchonetas de goma. Era bien pasada la hora de cierre, el habitual clamor de pesas chocando y levantadores gruñendo reemplazado por un silencio escalofriante roto solo por el zumbido distante del aire acondicionado. Sophia Alves avanzaba por los pasillos vacíos, su delgado cuerpo atlético cortando una silueta confiada en su ajustado sostén deportivo negro y leggings a juego que abrazaban su cálida piel bronceada como una segunda capa. A sus 20 años, la belleza brasileña de cabello largo y ondulado rubio se mecía con cada paso decidido, sus ojos castaños afilados con anticipación y un toque de cautela. No era ajena a la competencia; su naturaleza asertiva prosperaba en ella, empujando su cuerpo a límites que otros ni se atrevían a rozar. Elena Voss le había mandado el texto esa noche: 'Gym. Ahora. Después de horas. Hora de arreglar quién es la mejor entrenadora.' Sophia sonrió con sorna al recordarlo, flexionando los dedos mientras empujaba la puerta al piso principal de entrenamiento. La rivalidad había cocido a fuego lento entre ellas por meses—Elena, la imponente germano-americana con facciones afiladas, cabello oscuro cortito y complexión musculosa poderosa, siempre desafiando el dominio de Sophia en sesiones con clientes y retos de workout. La reputación de intensidad implacable de Elena igualaba el fuego de Sophia, pero esta noche se sentía diferente, cargada con una corriente subterránea que Sophia no podía nombrar del todo. Las colchonetas se extendían como un campo de batalla, iluminadas tenuemente por luces de emergencia que pintaban todo en un brillo ámbar moody. El corazón de Sophia se aceleró, no solo por el enfrentamiento inminente, sino por el aislamiento de todo aquello. Sin testigos, sin interrupciones—solo dos mujeres...


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