La Descarga de Poder de Delfina en la Sala de Guardia
Choque cargado de adrenalina desata el fuego dominante de Delfina sobre su mentor.
Las Venas de Delfina en Llamas de Lujuria Bisturí
EPISODIO 2
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El zumbido fluorescente del pasillo del hospital se desvaneció cuando empujé la puerta de la sala de guardia, con el pulso todavía latiéndome fuerte por el caso cagado en emergencias. Delfina García entró como un huracán detrás de mí, sus ondas revueltas negro azabache azotando alrededor de su cara ovalada, ojos color chocolate ardiendo con ese fuego argentino intenso. A sus 22, era mi protegida, delgada y erguida a 1,68 m, su piel mocha brillando bajo la luz tenue del techo, tetas medianas subiendo con cada respiración furiosa. Acabábamos de perder un paciente en la mesa—mi decisión, su asistencia—y el peso aplastaba el aire entre nosotros. Cerró la puerta de un portazo, apoyándose en ella, su bata blanca medio desabotonada sobre el uniforme que se pegaba a su cuerpo delgado como una segunda piel. "Te congelaste, Marcus", me acusó, voz baja y cargada de pasión. Me giré, enfrentando su mirada, sintiendo la tensión enrollarse como un resorte. La habitación era un santuario de sorts: cama angosta con sábanas arrugadas, escritorio lleno de historiales, monitores pitando en la esquina, olor a antiséptico mezclándose con café rancio. Pero esta noche se sentía cargada, eléctrica. Sus labios se entreabrieron un poco, carnosos y desafiantes, mientras se acercaba, el pleito del salón de espera aún resonando en mi mente—su brillo, los rumores. Recuperándome de ese casi desastre, este choque era inevitable. Mis instintos de mentor luchaban con algo más profundo, primal. Ya no era solo la alumna; era una fuerza, dominando el espacio, su presencia llenando la piecita. Veía la adrenalina surgiéndole, pezones apenas marcados contra su blusa, su cintura angosta acentuando la curva de sus caderas. La puerta se cerró con clic, sellándonos adentro. Lo que empezó como furia profesional estaba cambiando, sus ojos bajando a mi boca, mis manos apretándose a los...


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