El Descubrimiento Carmesí de Dao en Sombras de Terciopelo
Un medallón maldito desata los deseos más profundos de Dao en medio de la furia de la tormenta
El Relicario Carmesí de Dao: Secretos Arrebatadores
EPISODIO 1
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La lluvia caía a cántaros como si los dioses estuvieran desatando su furia, convirtiendo las angostas calles de Bangkok en ríos de caos. Yo, Jax, un viajero rudo con la mochila empapada y la camisa pegada a mi pecho musculoso, vi el tenue brillo de una tienda de antigüedades adelante. Un rayo partió el cielo, iluminando el letrero: 'Mongkol Antiques.' Desesperado por refugio, empujé la pesada puerta de madera, la campanilla tintineando suavemente contra el rugido de afuera. Adentro, el aire estaba cargado con el olor a madera vieja, incienso y algo más dulce, como jazmín mezclado con misterio. Linternas tenues proyectaban sombras de terciopelo sobre estantes repletos de jarrones de porcelana, tallas de jade y ídolos de bronce de épocas olvidadas. Detrás del mostrador estaba ella—Dao Mongkol, la dueña de la tienda. Era una visión: 25 años, belleza tailandesa con cabello castaño ondulado largo cayendo por su espalda, ojos marrón oscuro que parecían guardar secretos, piel bronceada cálida brillando bajo la luz baja, rostro ovalado enmarcado por esas ondas, cuerpo esbelto de 5'6" con tetas medianas sutilmente marcadas por su blusa de seda. Soñadora y romántica, se movía con una gracia que me aceleraba el pulso. Levantó la vista de una caja de novedades, sus ojos abriéndose un poco al verme goteando en su piso. "¿Varado por la tormenta?", preguntó, su voz suave, melódica, con ese acento tailandés cantarín que me envolvía como seda. Asentí, sacudiéndome el agua, mis ojos clavados en su figura esbelta mientras se limpiaba las manos con un trapo. Poco sabía que esa noche lo cambiaría todo. Mientras tronaba, volvió a la caja, sus dedos rozando algo carmesí—un medallón, brillando de forma antinatural. Impulsivamente, se lo puso al cuello, y lo vi: un rubor subiendo por su piel bronceada cálida, su respiración entrecortándose. El aire...


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