La Rendición Final de Grace en el Festival
Las llamas de la aurora se encienden mientras Grace se rinde al ardiente reclamo de Étienne en la tina de hidromasaje humeante
Las Provocaciones Nevadas de Grace Desatan Llamas Prohibidas
EPISODIO 6
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El festival de invierno pulsaba con energía caótica bajo el cielo de medianoche, donde la aurora boreal pintaba cintas giratorias de verde y púrpura a través de la noche canadiense congelada. Copos de nieve flotaban perezosamente, derritiéndose al contacto con la tina de hidromasaje humeante enclavada en el corazón de la celebración. Yo, Étienne Duval, agarré con fuerza la mano de Grace Lévesque mientras corríamos a través de la multitud de juerguistas con gorros de piel, nuestras respiraciones empañando el aire. El plan de Victor Kane se había desmoronado espectacularmente: su desesperado intento de tomar el control expuesto en una persecución pública que lo dejó huyendo a las sombras, con la seguridad pisándole los talones. La risa de Grace resonó, traviesa y triunfante, su cabello caramelo atado en un moño alto que rebotaba con cada paso, mechones largos escapando para enmarcar su rostro ovalado y pálido. Sus ojos marrones brillaban con la emoción, su cuerpo delgado de 1,68 m cubierto con un abrigo grueso sobre su bikini de festival, tetas medianas subiendo y bajando con la excitación. Irrumpimos en el recinto privado de la tina de hidromasaje, reservado para la élite del festival, con vapor elevándose como un velo alrededor del agua burbujeante. Lila Moreau, la amiga fogosa de Grace, ya estaba allí, recostada con una sonrisa cómplice, su cabello oscuro mojado y peinado hacia atrás. "Ustedes dos lo lograron", ronroneó, su bendición evidente en su pose relajada. Grace se quitó el abrigo, revelando el bikini diminuto que abrazaba su figura delgada, provocándome con un guiño. "Victor está acabado, Étienne. Ahora solo estamos nosotros". Mi corazón latía con fuerza, no por la persecución, sino por la promesa en su voz. Su provocación siempre había sido su arma, pinchazos juguetones y toques prolongados que me mantenían al borde durante el torbellino...


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