Oficina de Mando de Delfina: Lealtades Fracturadas

En la guarida del capitán, la sumisión enciende el fuego de la dominancia

L

Las Llamas Aherrojadas del Éxtasis Despiadado de Delfina

EPISODIO 5

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Oficina de Mando de Delfina: Lealtades Fracturadas
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Me recosté en mi silla de cuero, el brillo tenue de la lámpara del escritorio proyectando sombras largas por las paredes de la oficina cubiertas de condecoraciones y mapas de las entrañas de Buenos Aires. El skyline de la ciudad titilaba burlonamente a través de las ventanas del piso al techo, un recordatorio del caos en el que Delfina García se estaba metiendo de cabeza. A sus 22 años, esta fierecilla argentina con sus ondas desordenadas negro azabache cayendo largas sobre los hombros, ojos chocolate que perforaban como dagas y piel mocha brillando bajo la luz baja, había estado empujando límites en nuestras operaciones encubiertas contra el cartel de Kane. Delgada y atlética a 1,68 m, su rostro ovalado tenía esa pasión intensa que me emocionaba y aterrorizaba a la vez. Había sido mi mejor operadora, pero últimamente, sus riesgos estaban fracturando lealtades —la mía incluida—. Mateo Vargas, su manejador y esa sombra ceñuda afuera de mi puerta, hervía en el pasillo, sin duda sintiendo la tormenta que se avecinaba. La llamé por el intercomunicador, mi voz firme, pero por dentro la tensión se enroscaba como un resorte. Delfina entró, su cuerpo delgado cubierto por una blusa negra ajustada que abrazaba sus tetas medianas y una falda lápiz que acentuaba su cintura estrecha y caderas. Se plantó ahí, desafiante, sus ondas desordenadas un poco revueltas por el aire húmedo de la noche, ojos clavados en los míos con esa intensidad implacable. "Capitán Ruiz", dijo, su voz un desafío sensual, "¿querías verme por los riesgos?". Asentí, señalando la silla frente a mi escritorio, pero no se sentó. En cambio, se inclinó hacia adelante, manos en el borde, su presencia llenando la habitación como humo. El aire se espesó con acusaciones no dichas —su infiltración profunda en el club, coqueteando con el...

Oficina de Mando de Delfina: Lealtades Fracturadas
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Las Llamas Aherrojadas del Éxtasis Despiadado de Delfina

Delfina García

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