La Traición Fracturada de la Tropa de María
En las sombras de la traición, una dulce venganza enciende llamas prohibidas.
Las Llamas Enredadas de la Rendición Aterciopelada de María
EPISODIO 5
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Nunca pensé que mi loft de artista apretado en el corazón de la Ciudad de México se convertiría en un santuario para María González, la bailarina de espíritu libre cuyos movimientos cautivaban multitudes y rompían corazones. El aire estaba cargado con el olor a pintura fresca e incienso, lienzos recargados contra paredes de ladrillo expuesto, cuadernos de bocetos esparcidos llenos de sus formas gráciles que capturé en sesiones secretas. La lluvia golpeteaba contra las altas ventanas que daban a las calles bulliciosas de abajo, proyectando sombras parpadeantes que bailaban como sus presentaciones con la tropa. Ella irrumpió por la puerta esa noche, su largo cabello ondulado castaño oscuro húmedo y revuelto, piel oliva sonrojada por la carrera, ojos castaños oscuros abiertos de furia y desesperación. 'Rafa, escóndeme', jadeó, cerrando la puerta de un portazo, su delgada figura de 1,68 m temblando en una simple camiseta negra de tirantes y jeans que abrazaban sus curvas atléticas, senos medianos subiendo y bajando con cada respiro. La traición de la tropa había pegado fuerte—Isabella, su confidente más cercana, había filtrado sus secretos rituales sagrados a extraños por un pago rápido, fracturando el grupo que Diego Ruiz lideraba con control de hierro. María, siempre la aventurera, había huido aquí después de confrontar a Isabella, su lealtad a la tropa vacilando como una llama en el viento. La atraje a mis brazos, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío, su cara ovalada enterrada en mi pecho. El loft se sintió más pequeño, más íntimo, cargado de deseos no dichos que habíamos bailado alrededor por meses. Mi corazón latía fuerte mientras le acariciaba el pelo, susurrando seguridades mientras mi mente corría con posibilidades. Esto no era solo esconderse; era la chispa de algo imprudente, vengativo. Su aroma—jazmín y sudor—llenaba mis sentidos, removiendo recuerdos de...


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