La Revelación Arriesgada de Saanvi en las Rondas
En los confines oscuros del armario de suministros, las ambiciones de Saanvi chocan con un deseo crudo, solo para que el caos la devuelva a la realidad.
El Delicado Latido de los Deseos Prohibidos de Saanvi
EPISODIO 4
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La luz fluorescente tenue parpadeaba en lo alto del armario de suministros del hospital, proyectando sombras largas sobre estantes llenos de vendajes, jeringas y sueros intravenosos. Yo, Victor Hale, me apoyaba contra un carrito metálico, con el corazón latiéndome como un tambor de guerra en el silencio roto solo por los pitidos lejanos de los monitores del pabellón de afuera. Era durante las rondas, el momento de mayor ajetreo, cuando todos los doctores y enfermeras estaban ocupados—excepto yo, escondido aquí con intenciones ilícitas. Saanvi Rao, la estudiante de medicina india de 20 años con ese cuerpo delicado y fuego ambicioso en sus ojos color avellana, había prometido encontrarse conmigo. Su largo cabello ondulado castaño oscuro siempre parecía llevar el tenue aroma a jazmín, un contraste con el aire antiseptico que impregnaba todo lo demás. Yo había exigido este encuentro antes en ese turno, después de pillar su mirada demorada durante las rondas matutinas. Saanvi era decidida—la mejor de su clase, siempre empujando límites en las simulaciones del quirófano—pero había una chispa salvaje bajo su piel clara y rostro ovalado que anhelaba el riesgo tanto como el éxito. Con 1,68 m y un cuerpo delicado y tetas medianas que tensaban sutilmente sus uniformes, se movía como si fuera dueña de los pasillos. Ahora, cuando la puerta crujió al abrirse, ahí estaba ella, colándose como una sombra, sus ojos color avellana claros clavándose en los míos con una mezcla de desafío y hambre. 'Victor, esto es una locura', susurró, pero sus labios se curvaron en una sonrisa provocadora, su cintura estrecha acentuada mientras empujaba la puerta para cerrarla. El aire se espesó al instante, cargado de lo prohibido. Podía oír pasos resonando débilmente por el pasillo—enfermeras anotando, pacientes llamando—y solo aumentaba la emoción. La respiración de Saanvi se aceleró, su pecho subiendo...


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