La Noche Ardiente de Hana en el Pelotón

En el lujo sombreado del hotel del equipo, la rivalidad se derritió en necesidad febril.

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Las venas palpitantes de la velocidad oculta de Hana

EPISODIO 4

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El golpe en la puerta fue suave pero insistente, sacándome del borde del sueño en mi lujosa suite de hotel. Abrí la puerta y ahí estaba Hana Watanabe, sus ojos oscuros brillando con picardía bajo las luces del pasillo. "Trabajo de emergencia en los cuádriceps, Ryo", susurró, colándose adentro como un secreto. Los clasificatorios estaban al día siguiente, pero el fuego en su mirada prometía algo mucho más peligroso que terapia: una noche donde la competencia se difuminaba en un hambre cruda e innombrable. Los ecos del velódromo apenas se habían desvanecido de mis músculos cuando ese golpe rompió el silencio de mi suite de hotel. Nos habíamos estado empujando fuerte toda la semana: Hana Watanabe, la velocista japonesa esbelta con esos ojos marrón oscuro que podían desestabilizar a un hombre desde el otro lado de la pista, y yo, Ryo Nakamura, su rival más feroz en el pelotón. Oficialmente, ahora ella estaba en el equipo de fisio, o eso decían los rumores después de esa sesión privada post-clasificatorios. Pero esta noche, horas antes de la gran carrera, ahí estaba ella, colándose por mi puerta en un susurro de bata de seda, su largo cabello negro liso con capas y esos audaces reflejos rojos enmarcando su rostro de porcelana. "Ryo, mis cuádriceps me están matando", dijo, con voz baja y ese tono burlón que reservaba para cuando estábamos solos. Pasó rozándome, el leve aroma a jazmín y sudor del entrenamiento pegado a ella como una segunda piel. La suite era todo mármol pulido y ventanas del piso al techo con vista al caos neón de Tokio, el hotel del equipo un capullo de lujo en medio de la olla a presión de la competencia. Cerré la puerta con llave detrás de ella, mi pulso ya acelerándose. "¿Terapia de emergencia?", pregunté,...

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Las venas palpitantes de la velocidad oculta de Hana

Himiko Watanabe

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