Freya Ve al Vagabundo de las Sombras

En la niebla arremolinada de fiordos antiguos, la mirada de un extraño la arrastra al borde del deseo.

F

Freya se Rinde al Granito en las Sombras de los Fiordos

EPISODIO 1

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Freya Ve al Vagabundo de las Sombras
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La niebla se pegaba al sendero del fiordo como el aliento de un amante, pesada e insistente, mientras la observaba desde la cresta en sombras, el frío húmedo calándome hasta los huesos y agudizando todos mis sentidos. El aire sabía a sal y piedra antigua, traído por un viento que susurraba secretos desde las cumbres dentadas que nos rodeaban. Freya Andersen se movía con la gracia de alguien nacida para estas alturas salvajes—alta, delgada, su pelo rubio platino captando la luz tenue que se filtraba por las nubes, mechones brillando como plata hilada contra el velo gris. Casi podía sentir las gotas frías acumulándose en esos mechones sedosos, pesándolos lo justo para que se balancearan con sus pasos. Se detuvo en el borde peligroso, asomándose al abismo donde el agua bullía muy abajo, ajena al peligro o tal vez excitada por él, su postura irradiando una curiosidad intrépida que hacía que mi corazón latiera al ritmo del lejano choque de olas contra los acantilados. El vértigo de esa caída me jalaba incluso desde lejos, un recordatorio de lo implacables que podían ser estos fiordos, pero ella estaba ahí como retando al vacío a reclamarla. Llevaba horas siguiendo el sendero, mis manos marcadas de escalador agarrando la piedra áspera, callos raspando contra granito cubierto de liquen que me mordía las palmas con un dolor familiar y anclante, los músculos de mis antebrazos ardiendo por el esfuerzo de mantenerme firme contra la superficie resbaladiza. El sudor me chorreaba por la espalda a pesar del frío, mezclándose con la niebla para crear una capa pegajosa sobre mi piel. Cuando su figura emergió de la bruma, fue como si el paisaje mismo la hubiera exhalado a la existencia, su silueta cortando la niebla con claridad etérea. Algo en ella—aventurera, inflexible—me removía profundo, despertando un...

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Freya se Rinde al Granito en las Sombras de los Fiordos

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