El Escenario de Secretos de Delfina

El fuego de la adrenalina desata una frenesí de pasiones enredadas en el vestuario.

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Las Llamas de las Sombras Rendidas de Delfina

EPISODIO 4

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El Escenario de Secretos de Delfina
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El rugido de la multitud todavía retumbaba en mis oídos mientras me colaba en el vestuario tenuemente iluminado detrás del gran escenario del teatro. Delfina García, la petarda argentina de 22 años que acababa de dominar los reflectores con su actuación intensa y apasionada, estaba ahí recuperando el aliento. Sus ondas negras desordenadas le caían largas por la espalda, un poco húmedas de sudor, enmarcando su cara ovalada y esos ojos color chocolate que ardían con la adrenalina sobrante. Su piel moca brillaba bajo las luces del tocador, su cuerpo delgado de 1,68 m atlético y tenso por el baile, tetas medianas subiendo y bajando rápido bajo su top transparente de la actuación que se le pegaba como una segunda piel. Yo, Javier Ruiz, no podía apartar la vista. Habíamos estado bailando alrededor de esta tensión por semanas—ensayos convirtiéndose en toques que se prolongaban, miradas robadas en los breaks. Esta noche, su actuación había sido eléctrica, cada movimiento de cadera y mirada ardiente dirigida directo a mí, o eso sentía. Elena Vargas, la coestrella rubia con su energía juguetona, ya había cerrado la puerta de una patada detrás nuestro, su risa burbujeando mientras se quitaba el maquillaje de la cara. El aire estaba espeso con olor a perfume, sudor y anticipación. Espejos forraban las paredes, reflejando a Delfina desde todos los ángulos, multiplicando su atractivo. Delfina se giró, sus labios curvándose en esa sonrisa intensa que me aceleraba el pulso. 'Javier, eso fue... increíble', ronroneó, su voz ronca de tanto cantar. Se acercó, su mano rozando mi brazo, enviando chispas por mí. Elena observaba con un brillo pícaro, ya aflojándose la bata. El vestuario se sentía más chico, más caliente, el mundo de afuera desvaneciéndose—los aplausos, el equipo, hasta mi hermano Carlos que manejaba el backstage—nada importaba ahora. Este era...

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Las Llamas de las Sombras Rendidas de Delfina

Delfina García

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