Seducción en las Sombras Familiares de Gaia
En el tenue resplandor de su gimnasio infantil, Gaia desata una dominancia prohibida sobre Marco.
Dominio del Fuego en el Aro de Gaia: Estragos Seductores en la Cancha
EPISODIO 5
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Entré en la villa familiar Conti en Milán, el aire espeso con el aroma de madera envejecida y espresso fresco de la cocina de Nonna. Habían pasado meses desde que vi a Gaia, mi prima, la que siempre dominaba cada habitación que pisaba. A los 22 años, acababa de volver de sus trabajos de modelo en el extranjero, su figura atlética y delgada afilada como nunca, piel oliva brillando bajo las luces suaves de la villa. La reunión familiar estaba en pleno apogeo—tíos discutiendo política, tías chismeando—pero mis ojos la buscaron de inmediato. Ahí estaba, escabulléndose hacia el gimnasio casero en el sótano, su largo cabello castaño oscuro recogido en una trenza francesa apretada que se mecía con su andar confiado. Llevaba leggings negros ajustados que abrazaban sus curvas de 1,68 m y un top cropped que dejaba ver su abdomen tonificado, busto mediano sutilmente delineado. La seguí, el corazón latiéndome fuerte, sabiendo que esta visita estaba cargada de tensiones no dichas. Las presiones familiares pesaban mucho: expectativas de casarse tradicionalmente, de mantener el legado Conti. Pero Gaia lo desafiaba todo, sus ojos verdes destellando rebeldía. Mientras bajaba las escaleras, el gimnasio apareció a la vista—paredes espejadas, racks de pesas, un zumbido leve de la cinta. Estaba estirándose, rostro ovalado lleno de determinación, pero al verme, una sonrisa astuta curvó sus labios. 'Marco, ¿finalmente escapaste de los buitres de arriba?', dijo con voz ronca, acento italiano envolviendo cada palabra como seda. Asentí, cerrando la puerta tras de mí, el clic resonando en nuestro aislamiento. La nostalgia golpeó fuerte; este gimnasio era donde entrenábamos de adolescentes, empujando límites, compartiendo secretos. Ahora, esos recuerdos se torcían con algo más oscuro, más urgente. Su pasión amistosa siempre me atraía, pero hoy, la confianza irradiaba dominancia. Se enderezó, secándose el sudor de la frente,...


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