La Rendición de María en el Cenote Empapado por la Tormenta

Lluvias torrenciales desatan deseos prohibidos en profundidades cristalinas

E

Ecos Soleados del Despertar Primigenio de María

EPISODIO 3

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La Rendición de María en el Cenote Empapado por la Tormenta
La Rendición de María en el Cenote Empapado por la Tormenta

La tormenta golpeó como un dios vengativo, convirtiendo la selva de Yucatán en un caos rugiente de viento y agua. Yo, Tomás Ruiz, había estado guiando a María González por estos cenotes ocultos durante días, su espíritu aventurero igualando la belleza salvaje de la tierra. A sus 25 años, esta belleza mexicana con su largo cabello ondulado castaño oscuro, piel oliva y figura esbelta de 1.68 m era una fuerza de la naturaleza ella misma—ojos castaños oscuros brillando con fuego libre, rostro ovalado enmarcado por ondas que caían como las cascadas que buscábamos. Habíamos llegado a este cenote aislado, un sumidero de agua cristalina tallado por dioses antiguos, sus aguas turquesas alimentadas por ríos subterráneos y rodeadas de paredes calizas escarpadas cubiertas de enredaderas. Pero ahora, truenos retumbaban arriba, y cortinas de lluvia azotaban el dosel, atrapándonos aquí. María estaba al borde, su camiseta mojada pegada a sus tetas medianas, delineando cada curva de su cuerpo atlético y esbelto. El colgante alrededor de su cuello—una pieza misteriosa de plata con grabados intrincados—parecía palpitar débilmente en la luz tenue que se filtraba a través de las nubes de tormenta. Lo había encontrado en unas ruinas antes, bromeando que estaba maldito con magia maya de lujuria. Me reí entonces, pero ahora, aislados en esta catedral acuática, su mirada se encontró con la mía con una intensidad que aceleró mi pulso. El aire estaba espeso con humedad, el aroma de tierra mojada y orquídeas pesado, y el rugido distante de las cascadas amplificaba nuestra soledad. Sin señal, sin salida hasta que pasara la tormenta. Sus labios se entreabrieron ligeramente, la lluvia trazando caminos por su cuello, y sentí la atracción—la química que había hervido a fuego lento desde que nos conocimos ahora desbordándose. Era de espíritu libre, sí, pero había una rendición en...

La Rendición de María en el Cenote Empapado por la Tormenta
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Ecos Soleados del Despertar Primigenio de María

María González

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