La Citación Seductora del Profesor de Carolina
En el santuario sombrío de la academia, el intelecto cede ante el deseo insaciable.
El Serén Descenso de Carolina al Éxtasis
EPISODIO 2
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El sol del atardecer tardío se filtraba a través de las pesadas cortinas de mi oficina con paneles de madera, proyectando sombras largas sobre los tomos encuadernados en cuero y el escritorio antiguo que había presenciado innumerables conquistas intelectuales. Yo, el profesor Elias Voss, me recosté en mi silla de alto respaldo, el tenue aroma a papel envejecido y roble pulido llenando el aire. Mis dedos tamborileaban ligeramente sobre el manuscrito que ella había presentado: el trabajo de Carolina Jiménez, una belleza mexicana de 19 años cuyos palabras bailaban con una serenidad tranquila que reflejaba su presencia. Cabello rubio liso y largo, enmarcando su rostro ovalado con piel morena cálida que brillaba suavemente en la luz tenue, sus ojos castaños oscuros tenían una profundidad que me intrigaba más allá de la academia. La había citado aquí bajo el pretexto de discutir su tesis sobre manuscritos antiguos, pero para ser sincero, la atracción era mucho más primal. Golpeó suavemente, su esbelta figura de 1,68 m silueteada en la puerta, tetas medianas delineadas sutilmente por una blusa blanca ajustada metida en una falda hasta la rodilla. Serena como siempre, entró, sus pasos medidos, exudando ese aura tranquila que aceleraba mi pulso. "Profesor Voss", dijo, voz como una brisa gentil, "¿quería verme?" Hice un gesto hacia la silla frente a mí, observándola acomodarse, piernas cruzándose elegantemente, revelando apenas un atisbo de muslo. La oficina se sentía más pequeña con ella dentro, el aire más denso. "Carolina, tu manuscrito... es provocativo. Interpretaciones audaces que desafían las convenciones". Mis ojos se detuvieron en sus labios mientras sonreía levemente, sin darse cuenta —o quizás plenamente consciente— de la tensión que crecía. Podía sentir su nerviosismo bajo esa fachada calmada, la forma en que sus dedos se retorcían ligeramente en su regazo. Esta no era una reunión...


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